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EL VINO Y EL BIERZO

Tras su descubrimiento, hace siete milenios en las laderas del Cáucaso, el arte de elaborar vino viajó hacia Mesopotamia y Egipto, llegando incluso a la India y China.

Pero sin duda es el Mediterráneo-cuna de la cultura occidental-donde el vino, a la vez de bebida y alimento, se convierte en elemento fundamental del arte de la buena mesa e incluso sobrepasa este objetivo debido a su capacidad, casi sobrenatural, de exceder la vida del resto de los alimentos y aun la de los hombres que la crearon. A partir de entonces, reyes y campesinos, filósofos y comediantes, cortesanas y hetairas, monjes y soldados, empresarios y obreros contaron sucesivamente sus alabanzas, amaron, lucharon, rieron o ahogaron sus penas inmersos en sus mágicos efluvios.
Un aspecto que evidencia la fascinación que ejercía el vino sobre las antiguas civilizaciones del Mediterráneo es su relación con las religiones.
En el antiguo Egipto, el vino es minoritario frente a la cerveza, que es la bebida popular. Lo consumen sólo los faraones y los poderosos, en especial los sacerdotes, que lo utilizan frecuentemente como ofrenda a los dioses. La mitología egipcia lo asocia a Ra, divinidad solar, y a Osiris, dios de las tinieblas del más allá.

En la Grecia clásica, Dionisos, dios del vino, forma parte de su mitología más antigua, en la que también será considerado Dios de la Vegetación y de la Fertilidad.
En Lydia (la actual costa mediterránea de Turquía) el nombre de Dionisos es Bacchus, que adoptan los romanos, convirtiéndolo en el más popular de entre los Dioses.
La devoción de los judíos por el vino es la esencia de su religión. Cuando Moisés envía por delante unos emisarios, el símbolo que traen de la Tierra Prometida es un inmenso racimo portado entre dos hombres. El vino, es desde entonces, protagonista principal de todas las celebraciones judías. No es de extrañar por tanto, que Jesús de Nazaret inaugurase su vida pública convirtiendo el agua en vino en las bodas de Caná y que la cerrase con ocasión de su Ultima Cena en la Tierra elevándolo a la categoría de Sacramento, lo que tendría extraordinaria importancia para la supervivencia del vino en los difíciles tiempos del medievo y para su expansión transoceánica de la mano de los misioneros.

Ya hace unos 2.000 años, las citas de Plinio el Viejo y Estrabón se refieren a la existencia de viñedos en la actual comarca del Bierzo, que originariamente es el derivado de la ciudad prerromana Bergidum. Además conocemos que los romanos impulsaron de forma extraordinaria la agricultura de estas tierras, introduciendo nuevos cultivos como la vid-en concreto la especie Vitis vinifera, oriunda de la región del Cáucaso y de Armenia- y nuevas técnicas como el arado romano. No obstante, la mayor expansión de viñedo en el Bierzo, estuvo vinculada al desarrollo de los monasterios medievales, sobre todo los cistercienses. Por lo tanto, no resulta extraño que el vino ocupe ya desde hace diez siglos un papel muy destacado en la vida económica de la comarca y que de forma muy constante adquiera un desarrollo cada vez más importante según avanzamos caminando por los siglos medievales, al amparo de la frecuentada ruta jacobea en la búsqueda de la tumba del apóstol Santiago.
La ubicación de la Comarca del Bierzo se sitúa al noroeste de la provincia de León, configurada por una amplia zona tectónica, entre la Cordillera Cantábrica y Los Montes de León y regada por las aguas del río Sil. Sus tierras se sitúan en una altitud media de entre los 400 y 800 metros sobre el nivel del mar. La zona del Bierzo goza de un microclima suave y benigno característico y adecuado para el cultivo de la vid, , regulado por cierta humedad, al ubicarse en un valle y estar rodeada de montañas.

En 1.989 se constituye el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo, al efecto de armonizar normativas de productividad y calidad vitivinícola, dada la potencialidad de la zona y su continuidad en esta especialidad agrícola. Las variedades de vid autorizadas son la Mencía y la Garnacha tintorera ,como tintas, y la Doña Blanca, Godello, Malvasía y Palomino, como blancas. Actualmente se han aprobado otras tres variedades tintas como mejorantes a la hora de elaborar vinos de Crianza y Reserva, pero siempre a la sombra de la gran protagonista en la actualidad y de cara al futuro, la variedad MENCIA.

Debido al esfuerzo realizado en los últimos años por viticultores, enólogos y bodegueros que trabajan día a día en esta preciada comarca, el futuro de los vinos bercianos resulta muy prometedor-los datos de ventas lo corroboran-y poco a poco la comarca del Bierzo junto a su Denominación de Origen se va situando en el lugar que le corresponde a lo largo del mercado nacional e internacional del vino, llegando a su vez a entender y a transmitir al consumidor que el vino no es sólo un producto agroalimentario, es ante todo y sobre todo, una filosofía de la sensualidad y la convivencia, una parte inalienable de nuestro imaginario social, de ese conjunto de mitos fundadores que impulsa la savia que recorre las venas de nuestro entramado social.

Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo

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