La
Llanura del Sil y Los Montes Aquilanos poseen una compleja y acusada
personalidad. La variedad y diversidad de sus paisajes, los vestigios
históricos, y las diferentes costumbres y economías dentro de una
misma zona, resultan sorprendentes. La
Llanura del Sil está amparada por los valles fértiles de la hoya,
y los Montes Aquilanos.
Ponferrada, capital económica y administrativa de la comarca, está
situada en el corazón de la hoya berciana, a los pies del monte
Pajariel, donde confluyen los ríos Sil y Boeza. Parte de la superficie
que ocupa hoy Ponferrada fue asiento de una población prerromana
y romana, aunque la ciudad se empezó a desarrollar a partir del
siglo XI y XII con las peregrinaciones jacobeas. En 1082, el obispo
Osmundo ordenó construir un puente de paso sobre el río Sil para
los peregrinos, este hecho daría nombre a la ciudad de Ponsferrata,
Pons Ferrata, es decir; puente de hierro.
El viajero, turista o peregrino encuentra en Ponferrada una ciudad
que conserva sus tesoros más preciados en el casco antiguo, el epicentro
histórico del núcleo urbano. El Castillo
de los Templarios es la fortaleza más compleja del Noroeste de España,
y se ha impuesto como símbolo por su grandeza. Continúa en él, un
aura de misterio, esoterismo y romanticismo, un arraigo sembrado
por la magia de la Orden del Temple. Todavía se cree que el castillo
posee secretos y tesoros ocultos, que existían túneles que comunicaban
la fortaleza templaria con el castillo de Cornatel, a través de
la Cueva de la Mora, incluso con el de Corullón y con el Castro
de la Ventosa.
Frente al castillo, merece la pena detenerse en la iglesia de San
Andrés, de origen medieval, aunque el edificio actual es del siglo
XVII; la Casa de los Escudos, es un caserón barroco con blasones
tallados en la fachada de piedra; también es interesante el edificio
de las Cuadras, de 1848. En esta zona de Ponferrada, destaca el
ayuntamiento, un bello edificio barroco que está ubicado en la Plaza
del mismo nombre. Esta plaza fue construida como Plaza Mayor en
el siglo XVI y XVII, aunque ha sufrido varias modificaciones. No
obstante, se puede observar la antigua arquitectura de las casas
porticadas y balconadas, algunas de ellas con escudos, como por
ejemplo; la residencia del poeta Gil y Carrasco. Para llegar a la
Plaza de la Encina hay que atravesar la Calle del Reloj. Esta mítica
calle es del siglo XVI, resulta encantador pasear por ella y deleitarse
con sus milenarios edificios como el Convento de las Concepcionistas,
el palacio del Conde de Toreno, cárcel en el siglo XVI y hoy convertida
en El Museo de El Bierzo; y sobretodo la encantadora torre arcada
que sujeta un Reloj, la única puerta que se conserva de la antigua
muralla de la ciudad. Y al final de esta calle, la Plaza de la Encina,
el centro histórico de Ponferrada, allí se celebraban las actividades
comerciales y festivas. La Plaza está presidida por la bellísima
Basílica de La Encina, patrona de El Bierzo y a la que le envuelve
una preciosa leyenda templaria. Las calles más típicas de la Ponferrada
antigua, arrancan en esta plaza. La calle del Rañadero con su escalinata
de piedra; la Calle del Paraisín, de balcones floridos; y las de
Aceiterías, Tras La Encina, La Fortaleza, El Comendador, etc. son
increíblemente singulares. En estas callecitas, se encuentran las
bodegas y tascas tradicionales, típicas del Bierzo, donde se pueden
paladear los vinos bercianos y las tapas y pinchos de embutidos
o platos caseros. Lo cierto es que la cocina berciana es la protagonista
de los restaurantes, tascas, mesones, bares de tapeo y bodegas de
Ponferrada. Es imposible resistirse al botillo, a los pimientos
asados, al completo berciano, al chorizo, al jamón, a la empanada
berciana, a las castañas asadas, al lacón, a las verduras de la
huerta berciana, o a los postres de frutas, etc. Podemos
hacer un recorrido circular desde Ponferrada para conocer toda la
Llanura del Sil y los majestuosos Montes Aquilanos. Quizás antes
de alejarse demasiado, el viajero debería conocer la iglesia de
Santo Tomás de la Ollas, un templo de origen mozárabe del siglo
X con nueve bellísimos arcos de herradura en el ábside. Pero además,
son encantadoras las casonas de piedra de Camponaraya, el ambiente
alegre de los pueblos de Columbrianos y San Andrés de Montejos,
así como sus respectivas iglesias; la ermita de Villar de los Barrios;
las viejas casonas hidalgas de Salas de los Barrios; la sorprendente
panorámica que se ve desde Lombillo; la iglesia de Vizbayo, del
siglo XII, en Otero; el puente medieval del Puente Boeza, el pueblo
señorial de San Esteban de Valdueza, y otros puntos de interés que
adornan los alrededores más próximos de Ponferrada
Los Montes Aquilanos han propiciado el nacimiento del río Oza. El
valle que sostiene el río, posee escarpadas vertientes, una soberbia
vegetación, y poblaciones desde antes del siglo XI, entre otras;
San Clemente, Valdefrancos, San Cosme y San Damián, San Esteban,
Manzanedo, Villanueva, Montes y Peñalba.
El valle del Oza te invita a conocerlo, a recorrer a pie, en coche,
o en bicicleta, sus caminos; a subir al mítico Campo de las Danzas,
o al pico de la Guiana y descubrir un paisaje fascinante, unos precipicios
imponentes, un río de aguas cristalinas, y una vegetación dominada
por los castaños, alisos, robles y nogales que contribuyen a crear
un entorno majestuoso. Esta belleza natural se intensifica con el
afluente del Oza, el Silencio. Éste da origen a un valle con el
mismo nombre; el valle del Silencio. La palabra silencio sugiere
espiritualidad, misticismo, recogida. De ahí que este valle, junto
con el del Oza, no solamente posee un paisaje majestuoso, sino que
su entorno, su extraordinaria riqueza monumental, y su leyenda conservada
a través de los siglos, suscitan un halo de religiosidad y eremitismo.
Y no en vano, ya que cada paraje, cada cueva, cada lugar de estos
valles, guarda el recuerdo de los anacoretas, monjes, santos y eremitas
que habitaron en esta parte de El Bierzo, una ruta llena de auténticas
joyas del arte mozárabe y del románico.
El monasterio de San Pedro de Montes es uno de los monumentos religiosos
más antiguos, del siglo VII. Durante el XI, Montes se convierte
en un poderoso cenobio, con propiedades en el valle de Valdueza,
El Bierzo; Cabrera, Valdeorras, etc. En la actualidad, la parte
que mejor se conserva es la iglesia, la cual todavía mantiene su
traza románica, aunque su fachada es neoclásica. Remontando el río
Oza, tras un puente y al final de una carretera estrecha, se encuentra
Peñalba, un pueblo declarado Conjunto Histórico Artístico Nacional.
En la entrada del pueblo existe un mirador desde donde se divisa
la cabecera del valle del Oza, y las elevadas cumbres de la Silla
de la Yegua, Pico Tuerto y la Aguiana. Sin embargo, en Peñalba lo
que más entusiasma a los visitantes son las casas serranas con cubierta
de pizarra, que se asientan en torno a la iglesia. Ésta es una joya
del arte mozárabe y el último resquicio del monasterio de San Genadio.
En las cercanías de Peñalba, a unos 1,6 kilómetros de distancia,
está la cueva de San Genadio, sobre el río Silencio, en donde vivía
el santo en sus temporadas de retiro espiritual.
En la época de los romanos, los Montes Aquilanos formaron parte
de la extensa red de canales que transportaban el agua hasta la
mina aurífera de Las Médulas. El Bierzo fue para estos pobladores
un centro importante de explotaciones mineras. Utilizaron todos
sus conocimientos de ingeniería para extraer oro de las rocas de
las montañas, en los numerosos ríos y en los terrenos sedimentarios.
La explotación
más impresionante y fastuosa fue la de Las Médulas, la mayor mina
de oro de todo el norte peninsular romano. Declaradas Patrimonio
de la Humanidad por la UNESCO, Las Médulas se han convertido en
el símbolo de El Bierzo para todos los turistas y viajeros. El paraje
es auténticamente espectacular. Todavía se pueden ver los diferentes
canales y galerías que se comunicaban entre sí, y por las que llegaba
el agua a presión para destruir la montaña (ruina montium). La gran
actividad de los romanos en Las Médulas ha dejado un paisaje de
majestuosos picachos de tierra rojiza que la naturaleza ha adornado
de vegetación con el paso del tiempo. El mejor lugar para contemplar
el conjunto es el mirador de Orellán. Pero sin duda, la mejor manera
de conocer Las Médulas es con la práctica del senderismo, o adentrarse
en una aventura con la expedición de las numerosas cuevas y galerías.
El entorno es un conjunto natural hermoso, formado por castaños
centenarios y vegetación abundante. El lago de Carucedo, hoy un
lugar de ocio para los deportes acuáticos en verano, nació como
consecuencia del cierre del valle, tras la acumulación de sedimentos
producidos por la actividad minera.
En los pueblos de Médulas y Orellán se puede comprar miel, el típico
cuturrús (aguardiente de hierbas) de la zona, las cerezas en aguardiente,
las castañas en almíbar, los pimientos asados en bote, el vino casero,
y otros productos auténticamente caseros de la gastronomía tradicional.
Muy cerca de las Médulas, en lo alto de una montaña, está el Castillo
de Cornatel, hoy casi en ruinas. Tanto el espeluznante precipicio
de Rioferreiros, como las numerosas leyendas y mitos que envuelven
la fortaleza, atraen la atención de muchos. La panorámica que se
puede observar desde lo alto, es grandiosa. Se ve una naturaleza
reinante y frondosa en las montañas y en la parte más baja, los
tejados de pizarra que pertenecen a los pueblos que circundan el
castillo.
Peñarrubia, Lago, Yeres, Vega de Yeres, Salas de la Rivera, Puente
de Domingo Flórez, San Pedro de Trones, son los pueblos que más
se acercan a Galicia, sin embargo, todavía forman parte del Bierzo.
Sin duda, son los que más influencias perciben de los vecinos gallegos,
un ejemplo de ello es el lenguaje que utilizan, una mezcla de gallego
y castellano. Lo mismo ocurre con los pueblos de Friera, Sobrado,
La Barosa, o Portela de Aguilar. A pesar de las herencias galicistas,
conservan sus costumbres bercianas y sus frondosos paisajes no constituyen
una frontera natural. Esta última zona es una tierra rica donde
se cultivan todo tipo de hortalizas, verduras y cereales, aunque
como en otros lugares del Bierzo, son sus magníficos ríos de caudal
abundante, los que le dan un toque alegre y risueño. Gracias a ellos,
la trucha es un pescado muy típico del Bierzo, con la que se preparan
exquisitos platos como la sopa de trucha, la trucha al horno con
jamón, en escabeche, etc. Cualquiera de ellos, se puede comer en
todo El Bierzo, especialmente en los pueblos situados a la rivera
de un río, como Villadepalos, Toral de los Vados, o Toral de Merayo.
Esta parte del Bierzo es un conjunto de historia ancestral; tradiciones
arraigadas; leyendas antiguas; riqueza monumental; tierras fértiles
de huertas, viñedos y árboles frutales; que forman contrastes a
veces desconcertantes, pero eso sí, siempre bellos.